UN LEGADO CONSTRUIDO POR UNA FAMILIA
La Casa Morisca, inició su construcción en 1904 como promesa de amor entre Esther y Martín. Más que una residencia, fue concebida como un proyecto de vida y un espacio de creación artística. Lo excepcional de este inmueble es que fue diseñado, construido y ornamentado por la propia familia a lo largo de más de un siglo, convirtiéndose en una obra integral donde arquitectura, artes decorativas y oficio artesanal convergen en un mismo lugar.
Su patio trasero albergó un taller dedicado al tallado y la fundición de
esculturas. Donde se crearon vitrales policromados, vaciados de esculturas
que embellecieron lugares como San Ildefonso y el Paseo de la Reforma.
ESTILO MORISCO:
ARTE, OFICIO Y DETALLE
Inscrita dentro del historicismo de finales del siglo XIX y principios del XX, la Casa Morisca retoma la tradición neomudéjar que floreció durante el Porfiriato. Su arquitectura destaca por el uso de arcos de herradura, yeserías ornamentales, vitrales policromados, mosaicos y patrones geométricos de gran riqueza visual.
Cada espacio refleja el trabajo artesanal de sus constructores y la voluntad de convertir la vivienda en una obra de arte habitable. Más que un conjunto de elementos decorativos, la casa constituye un testimonio material de una época en la que arquitectura, diseño y artes aplicadas formaban parte de un mismo lenguaje creativo.
A pocos pasos del emblemático Kiosco Morisco, la casa dialoga con uno de los símbolos arquitectónicos más reconocibles de Santa María la Ribera, reforzando su pertenencia a una colonia que continúa siendo referente de patrimonio, diversidad cultural y vida artística.
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